“Uff…vaya día..no me ha salido nada bien”... ¿Te suena esta frase? ¿A cuántos de nosotros nos pasa ésto con cierta frecuencia últimamente? Y lo cierto es que no somos del todo conscientes del efecto que éstas y otras frases y pensamientos similares tienen en nuestra autoconfianza y en nuestra autoestima.
Lo que sugiero desde estas líneas es una simple píldora para combatir estos síntomas: celebra tus éxitos todos los días. Sí… ¡has oido bien! Tus pequeños pero importantes éxitos diarios.
Aún en los días más duros todos tenemos algunos momentos de pequeños grandes logros que no solemos ni siquiera detectar y mucho menos celebrarlo, y sin embargo, es una forma muy potente de elevar nuestra energía vital y nuestro entusiasmo.
Todos los días nos proponemos, sin darnos cuenta, pequeñas cosas que nos cuestan esfuerzo, que nos suponen elecciones y de las que salimos victoriosos, pero nos preocupamos tanto por las grandes cuestiones que no le damos valor a lo que hacemos minuto a minuto.
Algunos ejemplos: Cuando cumplimos la planificación de nuestro día, cuando reaccionamos bien ante un comentario negativo, cuando nos tomamos la ensalada en lugar del plato de pasta, cuando sonreímos a los demás sin razón aparente, cuando conseguimos terminar una tarea complicada, cuando hacemos esa llamada que hace días nos resistimos a tener, cuando encontramos ese pequeño hueco para decirle a un amigo lo mucho que le apreciamos, cuando conseguimos hacer una buena presentación, cuando cerramos una venta, cuando alguien recuerda nuestro nombre después de algún tiempo, cuando conseguimos ese ratito libre para dedicarlo a lo que más nos gusta, … Todos estos pequeños momentos son fruto de elecciones personales y por eso se merecen todo el reconocimiento del que seamos capaces.
Esta actitud genera en nosotros una sentimiento de superación, de constancia, y nos va creando un hábito para ser cada día más efectivos y más felices con nosotros mismos. ¿No crees que merece la pena ponerse a ello?
Es simple… busca una pequeña libreta que al final del día rellenes con una lista de tus logros y pequeños éxitos. Llévate eso a tus sueños y verás como tu despertar es cada día más optimista y más repleto de energía.
Uno de los elementos que forman parte omnipresente de nuestra vida y del que apenas somos conscientes en nuestro día a día es el lenguaje. ¿Eres consciente al 100% del lenguaje que empleas en tus conversaciones? Y lo más importante ¿eres consciente de cómo te hablas a ti mismo y qué consecuencias tiene para ti, sobre tus acciones y sobre tus resultados?
Necesitamos, tanto personas como organizaciones, aprender a ser conscientes de la importancia del lenguaje, sobre sus interpretaciones y sus acciones y en consecuencia de su efecto en la obtención de resultados y en nuestra calidad de vida.
En todas nuestras acciones hay un componente emocional y por eso es importante saber gestionar esas emociones a nuestro favor para conseguir aquello que queremos. Esas emociones provienen en un 80% de la manera en que hablas contigo mismo, que a la postre, es la persona con la que más hablamos al cabo del día.
La recomendación entonces es empezar a hacernos responsables de nuestro diálogo interno. Las 3 claves para empezar a conseguirlo son:
1. Empieza a controlar lo que dices en tu cabeza y luego hazte la promesa de que no te dirás nada que no permitirías que te dijera un desconocido.
2. Cuenta las veces que dices en voz alta que “no puedes” hacer algo y lo inútil que eres, y luego ponte como objetivo reducir ese número.
3. Entrénate para hacerte preguntas mejores en lugar de preguntarte por qué no puedes hacer algo o machacarte por no haberlo conseguido. Piensa en una situación que te haya salido mal y pregúntate:
¿Qué importancia tendrá esto dentro de un par de meses?
¿Mi respuesta es apropiada para la situación?
¿Puedo mejorar o influir en esta situación?
¿Puedo encontrar algo positivo en esta situación?
¿Puedo aprender algo de esta situación?
Te retamos a que lo pruebes; el reto es ¿Harás algo de una manera distinta la próxima vez? Prueba y luego nos cuentas si el resultado ha cambiado. ¿Qué puedes perder?
A todos nos gusta que las cosas sucedan según nosotros queremos, a nuestra conveniencia y si es posible, sin demasiadas complicaciones… pero ¿Qué pasa cuando eso no ocurre o cuando otras personas nos reclaman compromisos no cumplidos?
En muchas ocasiones, y especialmente en el entorno de nuestras relaciones, tanto personales como profesionales, solemos jugar a “echarnos la culpa” ¿sabes de lo que hablo? Mira este vídeo…
¿Te has visto reflejado? ¿Qué te sugiere?¿Cuántas veces te has pillado “echando la culpa a alguien de algo”? y cuantas veces te has culpado tú por algo no terminado o por un error?…
En nuestra cultura, por tradición, por historia o religión, nos hemos acostumbrado a usar la palabra “culpa” con mucha facilidad y siempre con una connotación negativa.
Reflexionemos por un momento, ¿hablarnos de esta forma nos va a ayudar a avanzar en nuestro camino hacia el éxito?… ¿Cómo te sientes cuando alguien te “culpa” de algo?, ¿Y qué sientes tú cuando “culpas” a otros?
Permíteme que me aventure a contestarte… Cuando culpamos a otros sentimos una especie de alivio, “me he quitado el marrón de encima”, y en cambio cuando nos culpan sentimos que están siendo injustos con nosotros, que no tienen razón, que es una excusa…etc. En cualquiera de los casos ¿nos ayuda este comportamiento a nuestro desarrollo personal y el de los que nos rodean?…
Mi recomendación es que partamos de una creencia básica para este cambio: nosotros siempre podemos decidir lo que hacer o no hacer ante lo que nos sucede… tenemos siempre la responsabilidad (la capacidad de dar respuestas) de nuestra acción o de nuestra omisión, de nuestras palabras o de nuestros silencios, de nuestro compromiso o de nuestro desentendimiento… en definitiva… de cualquier hecho o experiencia que nos acontece.
Sólo desde la postura de ser responsable, de querer ser dueños de nuestro destino y tomar las riendas de nuestros pensamientos y acciones, podemos cambiar aquello que no nos gusta y marcar la diferencia. En nuestras vidas y en las organizaciones de las que formamos parte.
¿Te atreves con este reto? Os animo a que experimentemos nuevos comportamientos y disfrutemos de cómo esas nuevas acciones no solo nos mejoran como personas sino que mejoran y cambian también nuestro entorno.
“El éxito no es algo que perseguimos sino algo que atraemos como consecuencia de la persona en la que nos convertimos.” (Jim Rhon)
Todos estamos ya casi cansados y solo estamos en la tercera semana del año de escuchar malos augurios y peores previsiones sobre este año 2012… y lo que es peor… estamos empezando a creerlo! … y sin embargo… ¿no hemos pasado ya un año 2011 difícil y seguimos aquí?… y además…¿conoces a personas o empresas que en el pasado año han alcanzado sus metas y que se han superado a si mismas? Seguro que sí… entonces…¿Por qué no elegir cada uno de nosotros este año como el año del camino hacia nuestro éxito?…
Para los aficionados a los dibujos animados, decía Walt Disney: “Sueño, contrasto mis sueños con lo que creo, me atrevo a correr riesgos, y luego llevo mi visión a la práctica para hacer realidad mis sueños”
El éxito empieza por tener una visión clara y bien definida de lo que cada uno quiere hacer en su vida; El éxito es un viaje y no un destino; es la realización de tus sueños; es alcanzar una meta que vale la pena; pero sobre todo el éxito es una elección seguida de una decisión sobre lo que quieres SER, HACER Y TENER.
Dicen los que saben de esto que el 85 % de nosotros irá a la tumba habiendo usado solo un 15% como máximo de nuestro potencial… Puedes ELEGIR si quieres seguir estando entre ese 85%.
Si por el contrario quieres estar en ese otro 15%, nada más sencillo que ponerse a ello, ponerse en acción y para ello vamos a describir un simple pero eficaz ejercicio para identificar que es aquello que es éxito para ti, puesto que cuanto más tiempo dediques a pensar en lo que el éxito significa para ti, más probable es que ese éxito te llegue:
Haz una lista de cosas que no te gusta hacer (tan larga como quieras)
Haz una lista de cosas que te gusta hacer (tan larga como quieras)
Cuando te parece que el tiempo pasa volando ¿Qué haces en el trabajo o en el ocio, que hace que el tiempo pase rápidamente? (lista de cosas)
Ahora piensa:
Piensa en lo que te da energía. ¿qué cosas hacen que te sientas mejor después de acabar que antes de empezar a hacerlas? Haz una lista….
Piensa en las cosas que haces bien. Incluye cosas de trabajo y de ocio. Haz una lista…
Ahora… de las cosas en las que eres bueno… tacha aquellas que NO te dan energía… las que dejas para el final… ¿tienes ya algo más claro lo que es el éxito para ti?
Entonces… ponte a ello YA y recuerda “El éxito consiste en hacer cosas ordinarias de manera extraordinaria.”