La Mejor Medicina: Habita Tu Cuerpo

Habitar el cuerpo es el primer paso para acceder a la sabiduría que transciende nuestra mente, nuestro consciente.

El cuerpo humano tiene la extraordinaria habilidad de auto regularse, auto regenerarse, auto rejuvenecerse, en resumen, auto sanarse, pero cuando estamos en estado de estrés o depresión, y ese estado se mantiene en el tiempo, nuestro organismo deja de realizar dichas funciones y se ocupa exclusivamente en defenderse.

Nuestro cuerpo es nuestra casa, nuestro templo, es el que nos permite: experimentar, aprender, amar y sobre todo sentir.

El cuerpo es el lienzo donde se dibujan todos nuestros estados emocionales y mentales quedando grabados en nuestra estructura celular.

Es muy importante la comunicación con nuestro cuerpo, escuchar sus mensajes, sus alertas, sus consejos, en el cuerpo está la inteligencia y la memoria tanto de nuestro consciente como de nuestro inconsciente, sabe todo lo que nos ha pasado y la huella que nos ha dejado por eso hay que permitir que se exprese.

Habitar el cuerpo es fomentar la presencia física, para ello sólo tienes que: Parar y Observar.

Para un momento, siéntate o túmbate y observa sin juzgar lo que sientes.

Si te paras y pones tu atención en el cuerpo con la intención de sentirlo, aumentas tu presencia física, estás habitando tu cuerpo.

La presencia física es la habilidad para fijar nuestra atención en el cuerpo físico.

Al prestar atención a nuestro cuerpo poco a poco comenzaremos a distinguir sus mensajes, estableceremos una comunicación que nos beneficiara enormemente.

El cuerpo necesita que le prestes tu atención, esa atención, es energía, es un potente combustible para la regeneración de nuestro organismo.

Cuando hablo de prestar atención al cuerpo no me refiero a nuestra apariencia si no a nuestra “Presencia Física”  ¿Qué significa prestar atención a nuestra presencia física? Pues estar presente en nuestro cuerpo, es sentir la vida dentro de él.

La mayoría de las enfermedades entran cuando tú no estás presente en tu cuerpo. “Si el amo no está en la casa, cualquiera puede entrar”. Cuando tú habitas tú cuerpo será difícil que los visitantes indeseados entren.

No sólo tu sistema inmunológico se fortalece; tu sistema nervioso y  tu sistema psíquico también se refuerzan enormemente. Habitar el cuerpo te protege y eleva tu frecuencia vibratoria.

Como seres humanos estamos habilitados para vivir en el mundo con un cuerpo que siente y una mente que piensa.

El mundo actual nos ha llevado a desconectarnos de nuestro cuerpo y de nuestra sensibilidad dejándonos  “encerrados” en la mente.

Vivimos en la nostalgia o descontento del pasado o fantaseando una supuesta mejor vida en el futuro.

Cuando estoy en mi cuerpo, sé lo que siento, lo que es bueno para mí, lo que tiene sentido. Me conecto con el flujo de la vida y actúo con sabiduría.

Nuestro cuerpo siente, presiente, intuye y sabe claramente lo que sucede y lo que necesita, tiene un lenguaje propio que merece la pena conocer. Al habitar el cuerpo, la energía se dinamiza y fluye sin bloqueos, y los movimientos se hacen más fluidos, espontáneos y coordinados. Asentarse en el cuerpo centra la mente, lo que tiene la virtud de despertar los sentidos y las sensaciones. El estar bien enraizados proporciona: presencia, equilibrio, confianza y sensación de integridad.

En vez de pensar en el cuerpo siéntelo, el cuerpo nos habla, pero la mayoría de las veces no lo oímos ni entendemos, requiere atención,  pararse a escucharlo y aprender a descifrar sus mensajes.

Autora: Eva García Cribeiro, entrenadora personal, instructora de Chi Kung, Gimnasia Bioenergética.

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