Unos Quevedos O Unas Progresivas

Como todos sabéis los quevedos son unas lentes que se usaban desde el siglo XV hasta el XVII y que deben su nombre, al menos en español, a Francisco de Quevedo, ilustre miope como yo según dicen, y a mucha honra.

La miopía lo que hace es que no podamos enfocar bien los objetos lejanos, y nos puede producir dolores de cabeza, irritación de los ojos, etc. Pero además es uno de los problemas visuales más comunes, en el “mundo mundial”, por ejemplo, en Estados Unidos dicen que un 25% de su población la padece, y en más países. Por cierto, no todos los chinos son miopes como me comentó un amigo el otro día que le contaba una persona y que por cortesía no se rio en su cara.

Pero hay una miopía mucho más grave que es “la mental”, que está cada vez más arraigada entre nosotros, y es que nuestro cerebro no quiere recibir nada que puede alterar su ánimo, y  es que como escribía nuestro ilustre miope: ”El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

Pero hay que pensar y no dejar de soñar, perder el miedo, porque el miedo es nuestro no de los demás, pero se contagia, al menos nuestras “neuronas espejo” si lo hacen.

Cada día me despierto con las noticias de la crisis, aquí y allá, con las mismas noticias una y otra vez, pero el mundo no se ha parado, sigue girando. Pero es que entre unos y otros, nos están haciendo mirar en lugar de por unas lentes progresivas, en el corto y medio o largo plazo con  unos “quevedos”, que nos aprietan en la nariz, y con la amenaza de  romperse como se nos caigan y no llevemos un cordoncito.

La formula para curar esta afectación ocular está en nosotros, en comprarnos unas progresivas, para ver en el corto y en el largo plazo y de paso un audífono que nos trasmita sonidos distintos, de palabras que nos aporten y nos hagan pensar (poco que luego nos duele la cabeza), pero lo justo para que mejoremos  nuestro estado, porque  abusando de nuestro escritor del día: “Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y de costumbres”.

Cierto es que la moda de ponerse los quevedos,  aunque no se necesitaran para darse un toque de intelectualidad y respetabilidad, se ha sustituido por otras modas como es el  culto al cuerpo. De manera que o tienes tableta de chocolate o no eres nadie, salvo algunos como nosotros que tenemos la tableta debajo del pan, y aun así somos felices y nos auto motivamos como tú y yo.

Por cierto, os dejo un enlace de una obra que saldrá pronto y que desde luego su autora ha escrito con ese entusiasmo que tenemos los del pan, y con la honestidad de escribir en lo que cree, y que se llama “El Motivulario

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